lunes, 20 de octubre de 2008

PINCELADAS...


Hoy su casa se viste de jardín, cada pincelada huele a floración. Se reinventan las paredes. Felices cuchichean y se erizan ante satinados roces de manos que levantan sus vestidos y las sonrojan de contento. Las brochas suben y bajan, se estrujan contra su piel de cemento, las rodean, les hacen cosquillas con besos multicolores, cierran sus ojos, se entregan silentes, sonríen y el brillo les favorece. Ella las observa cómplice de su disfrute orgásmico, vive su fiesta interna: ese vaho subiendo por el vientre, esos trazos en círculos penetrándolas, lamiéndolas, chupando frenéticos latidos, acelerando el ritmo con esa humedad que brota y chorrea, capturando segundos de luz hasta hacerlas gemir y atragantarse de espasmos en agonía deliciosa de un final que es relámpago.

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