Las he visto
en sus felicidades fraudulentas
simulando que viven
cual paloma disecada:
ojos vidriosos
tersas por fuera
vacías por dentro
con sus alas de cera
explanadas en vuelo
atadas por siempre
a la seguridad
que le brindan
en invisibles cuerdas.
Y llegó la nostalgia tan intempestiva como siempre. Ella quiso saber de su mundo. Conjugó nombre e instantes, traspasó fronteras y lo vio a lo lejos tan extraviado y ajeno, como siempre; que optó por enviarle un beso en el aire y desaparecer sin dejar rastros.
Al otro lado de la cama, él se preguntaba por ella, las letras de aquel impronunciable nombre danzaron una a una delante de sus ojos, sonreía y la abrazaba al recordarla; tan extasiado estaba, que hasta creyó ver, que a lo lejos: ella le besaba y se alejaba en puntillas para no despertarlo.
“Alguien me dijo que la belleza está en conseguir hacer del dolor un poema y tal vez debamos dejarnos arrastrar por la nostalgia de quien se sintió vivo una vez, a pesar de todo, de sí mismo, del mundo" El Burlador de mitos.